lunes, 22 de agosto de 2011

De Bicicletas y Otros Infiernos.

De Bicicletas y Otros Infiernos.
Por Raúl Fabián.
Valle de Bonao. orgullodominicano.net
En un reciente escrito (si se le podrían llamar así a mis particulares y ocurrentes disparates), me refería al tema del sufrimiento que insoslayablemente tiene que padecer quien decida inmiscuirse en esta ¨vaina bien¨ que es nuestro deporte, o estilo  de vida como yo prefiero llamarle.

Hace cerca de 4 años, me embarqué en el más estúpido de los monteos que hasta la fecha haya experimentado. Por invitación de un amigo (todavía me debato en pensar si ese hijo de #@' /- =% , es mi amigo o un vulgar traidor, jajaja) accedí a hacer una ruta en verdad muy interesante. (Bonao, Hato Hiejo, Maimón, Presa de Hatillo, Caballero, El Verde, Caribe, Bonao), una trayectoria muy irregular en caminos y altitudes que hacen de esa ruta de unos 80 Km aprox. un poco tortuosa, especialmente porque una vez que tienes recorrido algunos 50 km. debes de trasladarte bicicleta en mano, o bicicleta al hombro, unos 5 km. de ascenso para cruzar la loma que divide a la presa de Hatillo con Bonao, (Loma de Caballero) con (diría yo), algunos 800 mt. sobre el nivel todo a pie.

Muchos son los factores que pueden hacer que tu experiencia en un monteo sea lo más  inolvidablemente memorable y motivante, o el infierno terrenal más insoportable y candente: Condición física, condición psicológica o emocional, técnicas y habilidades, conocimientos mecánicos, conocimientos de la ruta, conocimiento de tus limites, además de la bicicleta y su estado, condiciones del tiempo y del medio ambiente a rodar y hasta algunos etc. Para mucho ingenuos montar bicicleta solo tiene que ver con dar pedales y nada más… que lejos están de la realidad (así estaba yo de lejos en  ese entonces). Para empeorar las cosas, no tenía desarrollada ningunas de las  herramientas, siquiera básicas para emprenderme en esa épica huida. Lo primero que  tenía que encontrar eran mis condiciones físicas fuera de orden. Hacia unas semanas  había regresado de ¨Gringolandia¨; Con el voluminoso peso de 215 libras y 4 meses  sin agarrar un timón. Mis desconocimientos de ¨ branding ¨, me llevaron a comprar ¨la  pendeja bicicleta¨ que más dolores de cabeza me haya dado en mi vida. (Ni todos los  sufrimientos provocados por todos los cuernos juntos que me llegaron a pegar en el  pasado deben de compararse). Me reservo el nombre de la marca por razones claras,  ya que fue comprada en una tienda local, aunque a decir verdad: usted obtiene por lo  que paga, y 15 mil pesos no eran, ni son la gran cosa en este medio. Componentes de  la peor calaña, frenos “v brake” desahuciado, descarriladura shimano “altushit”,  suspensión con el mismo nombre de la marca de bicicleta, y todo lo demás, hecho con  el peor material reciclable encontrado en los zafacones.

Sábado en la noche y después de unas cuantas cervezas cercanas a la media caja  dividida entre tres catadores callejeros, recibo una inesperada llamada… “mi hermano  te tengo una invitación mortal para una ruta paradisiaca en Bonao”, -“yo me  encuentro en Santo Domingo”, -“No te apures por el transporte, que como veinte  tigueres de la capital viene a hacer la ruta, si tú quieres puedes venir con ellos,apunta un número ahí pa’ que llames” ..Efectivamente, me comunico, acordamos hora y lugar de encuentro. Paro abruptamente la bebida y me dirijo a hacer los preparativos de lugar… Despierto a tiempo, me recogen a tiempo y para ninguna sorpresa mía, (pues ni los conocía), adivinen quienes eran los infelices con quienes me iba a tocar esta aventura?( De sobras deben de saber que el infeliz era yo, no ellos), Nada más y nada menos que con Alexis Guzmán “el monstro” y Sergio West “el maniático”, jajajjaja. La reacción de parte de ellos no se hiso esperar… “óyeme men y tú crees que puedas hacer esa ruta con nosotros?” (me preguntan a quema ropa y con un desdén al disimulo y suficiente incredulidad), respondo con la seguridad de que un día me voy a morir: “claro men”, yo me ido hasta Constanza pedaleando yo solo, y si yo he hecho esa ruta, que no mas puedo hacer? … (Se miran con resignación y callan con duda para no contradecirme).

Llegamos al sitio de encuentro (El Típico Bonao), Ni siquiera desayunamos. Nos alistamos y a pedalear se ha dicho. Todo va viento en popa, hago alardes de que soy un ciclista y hasta le doy ciertos datos de nativo al maniático acerca de la ruta. El tío se queda callado, tal como si ignorara mis comentarios. Dejamos atrás los arrozales de juma, Cruzamos la autopista y empezamos a ascender las lomas asfaltadas que conducen hasta la Falconbridge. De repente, todo comienza a cambiar; la ecuanimidad y hasta la cierta amenidad que iba caracterizando el paseo; se convierte sorpresivamente en una etapa de ascenso por los Pirineos en Le Tour de France. Hago todo el esfuerzo posible por mantenerme aunque sea en el grupo, pero es imposible; todo el mundo se aleja rápidamente y a no ser por un emocionante descenso de algunos 2 km. No le hubiera visto la placa ni por algún desperfecto mecánico que hubieran tenido. Sumándose al grupo están el Dr. Selman y su hijo Moisés, además del hijo del montro, Cristian (El montrico). Todos con un excelente rendimiento. ( a priori cuando los vi en el típico, lo primero que se me ocurre pensar es: si estos muchachitos podrán hacer esa ruta, yo con más fe. (Seguía estando muy equivocado)….
Un dato de imprescindible importancia tenía que ver con el clima. Hacía apenas menos de diez días del paso de la tormenta Noel; Que tanto estragos causo en todos los órdenes en todo el país. La zona de ruta no era excepción e inmediatamente entramos a hato viejo, ahí quedó evidenciado lo desafiante y demandante que iba a ser este “epic ride”. Todos los caños y arroyos insignificantes en tiempos normales habían crecido como si se tratara de monstruos de sietes cabezas casi incrusables, el lodo hacía de los caminos, resbalosas y zigzagueantes pistas de jabón y aunque para todos exigía más empuje, a mí ya me estaban cobrando el alma.
Después de mucho batallar y cruzar el impetuoso rio Yuna con su insobornable caudal, llegamos a maimón. Fue triste ver y palpar la miseria de aquellos que lo perdieron todo producto de las terribles inundaciones que habían azotado toda esa zona, apenas días antes, (cocinando a la intemperie.)
Accedimos el pequeño pueblo y nos dirigimos hasta donde un supuesto puente que haría de la ruta un poco más accesible. Que desagradable sorpresa nos despierta, el puente había colapsado con la tormenta y la única opción práctica tenía que ver con o devolverse para Bonao (algo simplemente impensable para el grupo con el que me encuentro). Sin dudar todos deciden devolverse, pero para tomar el puente alternativo que le subía más sufrimientos y kilómetros a la ya difícil ruta… “valor”!!- ese siempre ha sido mi slogan.
En el camino, a unos 5 km. antes de llegar al siguiente puente, me picho y decido continuar bicicleta en mano, debido a lo hostil y enlodado del terreno. Poca idea tenia aun del infierno de Dante que me esperaba.

En todo el contorno, solo se podía ver la fuerza destructora de la naturaleza cuando se incomoda. Sembradíos de piñas completamente arrasados, alambres de púas en cada tramo y fincas en las que no se podía decir quién era el dueño de nada, pues todo estaba desbaratado. El aire está descompuesto, el olor nauseabundo a animales de gran tamaño en estado de descomposición hacen del lugar una especie de cementerio al aire libre no planificado. Como siempre (durante todo el tiempo que duro este desafío) llego de ultimo al sitio donde me esperan impacientes. Se percatan que estoy pichado y se ofrecen a ayudarme.
Una vez más encaminados, otra decepción garrafal nos conmociona. El segundo puente alternativo también ha colapsado. Solo nos queda una sola cosa por hacer: atravesar un banco de lodo de al menos 4 Km y en ocasiones hasta de un metro de profundidad. Todos se lanzan al mar de lodo y bicicleta en el hombro se deciden resignadamente a cruzarlo. Lo pienso dos veces, pero tampoco tengo alternativas. Me lanzo sin pensarlo más y que sorpresa la mía: por cada paso que doy, un tenis se me queda hundido en el lodo. Forcejeo con todas mis fuerzas pero es inútil, por cada paso que hago la misma situación persiste. Levanto la cabeza, miro alrededor y apenas puedo ver lejos en la distancia las sombras de los demás. Me desespero un poco y solo atino a pensar que mientras siguiera con los calzados puestos, jamás podría avanzar a un paso considerable. Me apoyo en Dios y le ruego que me proteja de que algún vidrio o cualquier otro objeto punzante me ¨ navaje¨ un pie. Me arriesgo y todo mejora de una vez. Me muevo sigilosamente, aunque ahora de una forma más dinámica. Ya a esa hora había perdido totalmente de vista a todo el grupo y solo escuchaba desde muy lejos, el eco de mi nombre traído por el viento. Eso me ayuda a orientarme. Hasta el momento estaba dando zancadas a ciegas sin tener una certera idea de hacia dónde dirigirme. Miro hacia todos lados y solo es visible y palpable el inmenso mar de lodo como nunca antes lo había visto. Todo ese lodo provenía de las ¨botadas¨ del rio y a su paso había abandonado toda una isla casi infinita de ello. Continúo esbozando pasos a desnivel hasta que por fin llego hasta alguna especie de pequeño farallón. Con notable esfuerzo subo y desgracia la mía. Había entrado a un punto de no retorno, dividido entre un árbol muy espinoso de javilla o amapola, situado a la izquierda, el desnivel a mi espalda, y a mi derecha el cadáver humeante de una vaca en estado de putrefacción como si estuviera hirviendo de gusanos. No puedo volver atrás. Analizo que es más conveniente: irme por donde está el cadáver bovino, pues al menos ahí no me iría a herir los pies con espinos (recuerden que estoy descalzo). Hago un esfuerzo sobre humano para no resbalar y caer encima del maldito animal sin agonía, pero la suerte no estaba conmigo ese día. Sin saber ni como, resbalo y no me queda más remedio que soltar la bicicleta que cae justo en medio del torbellino de gusanos putrefactos. Me lleno de valor y saco con todo el asqueamiento del mundo mi artefacto y al menos al salir de ahí puedo al fin ver un puente en buen estado más adelante. Avanzo y en el camino una vez cruzado el puente, me encuentro con un riachuelito que descendía alegremente de una empinadura. Me detengo y hago todo lo posible por lavar la bicicleta y quitarme el terrible bajo a muerto con el que me encuentro.
Justo unos metros más adelante, empieza una aguda elevación. Pongo los cambios tan flojos como puedo y avanzo con plena dificultad. por alguna razón que todavía no entiendo, solo recuerdo oír el¨ simple¨(descarrilador trasero) casi explotar como si hubiera roto la cadena, al tiempo que ya no podía ni siquiera ponerla más suave para continuar ascendiendo. Me desmonto y continúo con ella a pie. En la distancia poco me importa observar el impresionante paisaje que me recibe. Estoy molesto, frustrado y decepcionado de la maldita bicicleta recién comprada. Finalmente llego a la cima de la colina y al menos puedo ir libremente a manera de ¨downhill¨. Mi preocupación ahora tenía que ver con encontrarme con el equipo. ( Si es que pertenecía a ese equipo). Más adelante los encuentro a todos olvidados del mundo y disfrutando de la bendición de una cascada recién formada por la opulencia de las excesivas lluvias entre las montaña. Aprovecho para acabar de quitarme el olor desagradable que aun poseo. Es casi la una de la tarde y todos deciden apresurarse para llegar al siguiente colmado y consumir algunas calorías. Al menos tratándose de zonas llanas, puedo trasladarme sin grandes desafíos. Empiezan a aparecer los primeros repechos, y con ellos mis imposibilidades de avanzar ágilmente. Otra vez, todo el mundo se evapora en el aire y mi soledad es todo lo que queda. Varios kilómetros más adelante, los encuentro. Han aprovechado para hidratarse y comer algo en el colmado. Justo en el momento en que me aparezco y le pido algo de comer al colmadero. Todos están listos para marcharse y lo hacen. Trago con la velocidad de un rayo, no tanto por el hambre que en verdad tengo, sino porque no puedo soportar el mal olor a podrido que aún no me abandona.
Prosigo la marcha sin tener ni idea hacia dónde dirigirme. Continúo pedaleando y luego de unos 3 km. le pregunto a alguno lugareños si habían visto pasar a la manada de ciclistas, me responden negativamente. Me desespero y me decepciono aún más. Retorno y pregunto a otras personas por los ciclistas. Una joven me responde que más adelante había un callejón por donde ellos habían entrado. Había cruzado justo por el enfrente. Todavía me siento conturbado. Sigo en dirección profunda todo el camino y no percibo nada de los amigos. Encuentro una casa en donde me confirman que estaba yendo por el lugar correcto. De repente, ¨el montro¨ se ha devuelto, no para saber dónde me encontraba, sino para preguntarme si había visto algún foco o qué sé yo que pieza, que había perdido. Me dice algo (tal vez una especie de sugerencia que mi estado de distracción no me permite asimilar) Lo encuentra y sigue su ruta de camino. Trato de pedalear, pero el descarrilador sigue con problema… mientras más problemas continúan llegando, esta vez los rodamientos traseros sucumben y no me queda más remedio que tirarme la bicicleta al hombro. Tampoco era mucho lo que podía hacer; empezaba a subir las descomunales y bien difíciles de escalar lomas de Caballero.
Ya son casi las cuatro de la tarde y sumándole al hecho de la soledad en la que me encuentro, y sobre todo tratándose de un camino totalmente ignoto para mí, me siento totalmente desmoralizado y decepcionado a más no poder, doy pasos con jadeante dificultad. Las lomas no ceden. Me siento perdido tanto emocional como geográficamente. Me desanima pensar que todos los puentes están destruidos y que tampoco tengo forma de encontrar una ruta en que me pudiera ir, más aunque fuera en un vehículo. La hora me preocupa. Empiezo a meditar en algunas de las series del programa de aventura llamado: ¨ Sobreviví¨. Pienso que al paso en que me encamino no podré salir de aquel monte ese día y solo atino a mirar por los alrededores analizando en cuál de ellos me sería más propicio amanecer. Prosigo con la moral en el piso, no sin antes maldecir al hijo de puta que me había metido en tal enredo. Juro que jamás volvería a montar con él. No culpaba a nadie más, solo a él. Ninguno de los demás tenían una puta idea de quién era para tenerme en cuenta y eso me hace perdonarlos. (Soy yo quien los retrasa, no lo opuesto)
Para mi sorpresa (no lo esperaba), escucho nuevamente mi nombre bajando en ecos resonantes. Estoy salvado, hace rato que daba por hecho que se habían marchado sin mi dejándome abandonado a mi suerte, me muevo con más motivación y prisa. Las voces de mi nombre se escuchan cada vez más cerca. Un poco más arriba justo en la cima me espera con alegría y un fuerte aplauso. Les explico que los cambios no me funcionan y que los rodamientos estaban también dañados. Nadie me cree, solo piensan que estoy ¨reventado¨ o al punto de una ¨pájara¨. Uno de ellos revisa la bici y se da cuenta del problema, pero no hay nada que puedan hacer. Me aconsejan que como íbamos a empezar a descender iba a ser más fácil para mí moverme.

Efectivamente así fue, pero solo durante lo que duro el descenso. Una vez empezaron a llegar los trillos, en ese mismo momento, comienzo a estar perdido nuevamente tal como en el 88% de toda la ruta. Esta vez al menos hay un camino que me indica por donde seguir. Sigo lo más rápido que puedo, me voy acercando a un charco de agua en el medio del camino, pedaleo con más fuerza pues creo que así me desharé de él más fácilmente. Otra mala decisión, Cuando voy adentrándome al charco, en lugar de ceder, es cuando empiezo a entender que me estoy hundiendo. No se trata de un simple charco, es prácticamente un canal en medio del camino. Retrocedo como puedo. Dentro del “camelback” tengo una cámara y mi celular que no quiero se moje. Salgo con dificultad lamentando casi con lágrimas mi suerte. No tengo más alternativa que tirar la bicicleta por una cerca de alambres de púas y trepar por ella, y para salir el mismo procedimiento. Me araño en la pierna derecha, empiezo a sangrar significativamente y le pregunto a Dios en que lo había decepcionado tanto para merecerme tantas pruebas. Logro salir del enredo y a lo lejos veo las siluetas moviéndose rápida de los demás. Sigo en esa misma dirección con toda la dificultad que solo yo y nadie más sabe. En ocasiones me siento inseguro de cual camino tomar, a veces los caminos se bifurcan y es difícil saber, afortunadamente he tomado los correctos, al fin he llegado al campito del verde.
En un colmado me encuentro con la manada. Uno de ellos me mira a los ojos como si de repente hubiera adivinado todas mis miserias de un mismo golpe. Y solo atina a aconsejarme: “ consíguete un concho”  estoy más de acuerdo con eso que él mismo, pero para mi desgracia, es domingo pasado las cinco de la tarde y ningún campesino trabaja, un domingo después de esa hora. Ya se encontraban bañados y cambiados con sendas botellas de ron o cerveza en las manos. Todos me ignoraban. Repetía la palabra “concho” como un leproso moribundo. No tengo más opción que continuar y tirarme casi todo el trayecto nuevamente solo y a pie. Uno de los nativos parece ser que siente penas por mí, tal vez por la forma en que me ve caminar y se ofrece sacarme hasta la autopista. Le agradezco con el alma su noble gesto. En la autopista me pregunta que exactamente hacia donde me dirigía. Le respondo que hasta el típico Bonao y se decide a llevarme para ya terminar la buena obra. Llegamos, saco todo el dinero que tengo disponible y se lo entrego sin contarlo en señal de agradecimiento. Se sorprende y me da las gracias.
Los demás ya comieron y se alistaron, ya hace años luces que habían retornado. De no ser por haber llegado justo a tiempo, no sé qué habrían hecho conmigo? más desmoralizado que vivo, me limpio todo lo que puedo, me brindan un espacio en uno de los vehículos. Zarpamos y solo quiero llegar a mi casa, asearme, disfrutar de una buena cena y dormir para finalmente despertar de la pesadilla y concluir con el paseo más doloroso y desdichado que espero no volver a tener jamás.

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