jueves, 14 de julio de 2011

Una Aventura "Al Revés".

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Cargado de adrenalina tras una noche de insomnio despuntaba en alba tratando de exprimirle cada segundo al minuto… iba en cámara lenta pero tenía tiempo de sobra para hacer todas las cosas necesaria para estar puntual junto a mis amigos de aventuras.
Oooo qué pasó?!?!?! Solo me recosté en el sofá 5 minutos y ya no tenía “el tiempo de sobra”, ahora voy desayunándome  mientras me aseo y el último trago de café será sobre la bici, justo para estar puntual.
Todos a tiempo, partimos para el monte, la ruta: La Llorona Al Revés, los amigos: Luís Café, Landestoy, Leo y Marcos. 
En la vida el tiempo se impone y con él algunos gustos, desde luego sutiles y más exquisito, pequeños detalles como salir exactamente a la hora acordada, tener una precisión y sincronía para ayudar en conjunto a resolver algún problema, saber dónde mis amigos se detendrán a esperarme y el gran detalle de pasarme la botella de agua antes de que la pida… ooooo gracias “JEFE” por los amigos que pones a mi alrededor. 
Como del “rayo” pasamos del asfalto al monte para tomar velocidad crucero… jajaja solo un poco más despacio que “El Rayo”.  
La humedad y el calor hacían estragos, pero nos manteníamos a buen ritmo. Un pinche, un colmado, y a continuar la marcha. Fue hasta que vi a Landestoy sentarse totalmente pálido y pedirme que le pasara una malta que me preocupé, No suele verse a un master de ese calibre en esa situación.
 Los demás nos llevaban la delantera y por mucho, pues en el trayecto junto a Landestoy yo iba disfrutando de trayecto pero a él la falta de descanso tras la jornada anterior, un entrenamiento de ruta en el mirador lo estaba doblegando sigilosamente. 
Leo, Marcos y Luís seguían la ruta planificada, Landestoy y yo les informamos que cambiamos nuestra ruta para salir a la carretera Duarte, lo dejé solo después que me insistió en que alcanzara al grupo por que llamaría a su esposa para que lo buscara ahí mismo. Si es una decisión difícil seguir a pesar de sentirse extremadamente agotado, es más difícil aún tener la sensatez y pisar el ego para decidir “hasta aquí llego”, algo que hasta cierto punto se vuelve admirable: retirarte para evitar un problema mayor y para evitar dañarle el paseo a tus amigos.
Alcancé al resto del grupo en la entrada de lomas linda gracias a un segundo pinche,  y atravesamos los trillos en un santiamén. 
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Llegamos al río Haina donde nos vimos retados por el caudal, la magnitud era indescriptible, impresionante como nunca lo había visto, “cuando el camino se pone duro solo los duros se quedan en el camino”.
La experiencia de Luís nos indicaba que la mejor forma era cruzar río arriba buscando la zona más baja y con menos corriente. (En mis vacaciones infantiles había ido al campo y en ese momento podía recordar a los campesinos decirme que la mejor manera de cruzar un río era por donde hacía “espuma”, hasta vivir la experiencia es que pude entender que donde el río hace “espuma” es donde hay más piedras y está más bajo.) 
Bicicleta al hombro empezamos a cruzar uno a uno y… es en este momento, en medio de la intensa furia del poderoso Río Haina por un segundo se hiso el silencio, la velocidad del agua y su empuje fue nulo, solo deambulaba en línea recta detrás de alguien que por el momento no identificaba, un poco aturdido con la sensación de todo paralizado los sonidos se acallaron, los colores se disiparon, no había luz ni sombras, nada pesaba, la sensación de mil pensamiento y de ninguno al mismo tiempo y de tener la capacidad de concentrarte en todos simultáneamente, estaba hundido hasta la cintura y ni siquiera percibía estar mojado, mientras incursionábamos los zapatos se llenaban de arena, el avance era suave, no había dificultad, no hacía viento y todo estaba demasiado quieto, era como flotar en una nube.
Escucho un murmullo muy distante, levanto la mirada, de repente todas las sensaciones anteriores se las llevó el río, ahora estoy en medio del río luchando por mantener el equilibrio pasándome la bici de un hombro al otro, evitando que se moje el celular, pisando (o por lo menos tratando) firme entre arena y piedras resbalosas, Luís está llegando a la orilla, adelante está Marcos haciendo malabares con su bici en medio de una hondonada del río, en mi interior me digo “ya sé por dónde no meterme”, detrás viene Leo observando paso a paso la mejor forma de cruzar.
Todos del otro lado riéndonos de lo loco que estamos, tardamos buen rato en sacar la tierra de los tenis y las medias mientras meditábamos lo que habíamos hecho, la inmortalidad del cangrejo y quienes de los nuevos están a punto para este tipo de aventuras.  
Los trillos fueron quedando detrás y mientras más lodo y piedras tenían más rápido los cruzamos, un “mambo” es como describiríamos ahora la “velocidad crucero”, posterior al colmado donde literalmente almorzamos. La verdad es que llegamos a la Carretera 6 de Noviembre sin darnos cuenta, de ahí a la 27 de Febrero en 5 minutos y se rompió la taza. Para la próxima estamos planeando hacer algo un poco más inteso… hummm esto se está poniendo interesante!!!

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